
Fue un día de esos catalogados como “especiales”, por lo menos en aquel momento, lo dejé dentro de esa clasificación, aunque en última ubicación, por las dudas. Sin embargo pensándolo bien, quizás clasifica más en mi lista de días “diferentes”, ¿será importante encasillarlo?
Después de tiempo sin querer creer, caí, ¿Cómo ocurrió? Nada de complicado, solo fue un par de conversaciones, de esas intensas, largas, que no se tienen habitualmente, y claro te parecen interesantísimas, hablas de lo libre que eres, de lo bien que llevas la soltería de los beneficios que esta tiene y hasta temas tan interesantes como tus ex. Uff, asombroso pero espeluznante, en resumen “Lo que esperaba”, esa mezcla perfecta entre misterio y flechazo.
A medida que el tiempo avanzaba el encanto se agigantaba en proporciones considerables, desbordantes. Las dudas se desvanecían y se fortalecía la confianza, la entrega ya a estas alturas estaba absolutamente desarropada. Hablar de mí, ya no era tan importante como hablar de los sueños, de “nuestros sueños” indirectamente. Usábamos palabras camufladas, disfrazadas con seudónimos para así describirnos perfectamente uno al otro como nuestro ideal de pareja eterna.
Un día, creo que jueves, quedamos en el lugar central de todo santiaguino, avisé antes a un par de personas de confianza, para que llamaran durante el día, pues no sabía bien si esto era tan real como lo pensaba. Antes de salir prepare el mejor vestido rojo sin mangas, ajustado, no tan corto, más bien un tanto infantil pero sexi, tan extraña mezcla como la que se producía entre mi corazón y mis sesos.
Nerviosa llego al encuentro, de lejos barro con la mirada todo el entorno, poco veo sin anteojos, pero por lo menos una que otra silueta reconozco desde la distancia, esta vez nada. Dos ojos observadores me siguen en mí caminar, miro como que no veo, con los ojos entreabiertos y de costado evito la mira frontal, pero sin perder de vista al que creía que era. Hasta que esa mirada trajo consigo una gran sonrisa y ahí supe que era quien me esperaba.
Un saludo tímido acompañado con un retraído beso en la mejilla fue el comienzo. Caminamos parque abajo, una banca nos refugia y marca el entorno, nos reímos de nada y todo, dude y quise escapar un par de veces y creo que el también lo pensó. El hielo intacto y los nervios a flor de piel, era cosa de pararse, pero en esos momento hasta lo más sencillo es vergonzoso pues la primera impresión es importante en estos casos, te juegas la vida y pones en juego todo lo dicho y lo autorreferente salido de boca.
El hambre nos delata con un sonajero de tripas, la respuesta a la pregunta fue “si también quiero una de esas…”. Comer empanadas en la primera cita, fue definitivamente la mejor opción, de hecho comer fue bueno, así podía ver si estaba apto para un matrimonio que próximamente estaba invitada y obviamente no tenia acompañante, me sentía haciendo un casting de esos arreglados sabia que el ganaría, pero todo era tan tan perfecto que hasta bien comía, el jugo de la empanada totalmente controlado, una mascada, una limpiada, con la servilleta. Caballero. El pago.
Luego risas, caminatas, conversaciones profunda y más profundas, hasta que recordamos que no estaba solo, gran olvido habíamos tenido hasta ese instante, lo hablamos, y como en las películas frente a frente nuestras caras, pensé que besarlo era lo mejor, pero claro el tema olvidadizo acabábamos de tocarlo, a si que frenos al máximo, retroceso y continuamos la conversa.
Insostenible se hacían los segundos, ya nos habíamos mirado profundamente. El tacto innecesario comenzó a ocupar su lugar, frotando mi hombro y con esa mirada pegada en mis ojos, dijo lo que esperaba: “Ya sé que debo hacer, quiero estar contigo…” Asombro de mi parte, aunque no sé porque sabía que eso ocurriría, ahora si no hay vuelta atrás, tomó mi cara, varonil pero sutilmente, me besó, note que mis labios estaban mas ásperos que los de él, ahí me di cuenta que había perdido la costumbre de besar, pero me acostumbre en pocos segundos.
Pasó algo de una semana y ya éramos el uno para el otro, la entrega era tan absoluta que no respirábamos sin el suspiro del otro, feliz por la vida. Escuchaba de lejos algunas críticas que la verdad poca importancia daba.
Como no todo es eterno, los problemas comenzaron pero la solución estaba en un beso o en un te quiero. Hasta que ya aquellos actos o palabras “claves” no fueron suficiente, gritos y criticas se apodero de lo que era la gran esperanza de mi vida, la verdad ya veía que esto no tenia mas futuro que un par de semana, si bien llevábamos las cosas. Paciencia fue mi palabra y la cumplí letra a letra, pero no fue suficiente.
En pocos días era la misma mujer que hace un mes atrás, bueno con un poco más de experiencia. Me di cuenta que crecí y las cosas si me afectan, pero no como antes con esos llantos desbordantes y esas cascadas formadas en mis pómulos.
Siendo sincera no sé como redondear esto para que tenga un buen término, porque final feliz si hubo, aunque no de esos de amor. Lo bueno es que no todo es tan malo como parece.
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