Me preocupa la idea de no razonar
El dejarme llevar por los instintos
o por las pistas falsas que la vida me entrega
para distraerme de la felicidad verdadera o real.
Me distrae, haciéndome creer que por fin
esta frente a mi lo que esperaba,
y mantiene la esperanza,
esa esperanza que dura solo hasta el momento
en que paso a ser parte del historial de prueba
en el corazón del contrincante.
No es la desesperación,
o quizás si, no lo se,
tal vez de una u otra manera si,
el cansancio agota,
el cuerpo responde a estímulos creados
o recreados los que asumes como tuyos
aunque conscientemente sabes que no lo son.
Parar, pensar, retroceder,
todo puede ser usado en mi contra
tantas cosas que decir, en el momento preciso,
en ese pequeño instante
donde crees que todo puede ser,
donde todo puede suceder
dando libertad absoluta para actuar,
pero lo mejor es callar, frenar y tragar.
Mi boca dice menos de lo que mi mente quisiera gritar
entonces no dice nada,
solo rellena con anécdotas
lo que pudiese ser algo verdadero
acudiendo al pasado, rescatando momentos
a veces no adecuados al instante
pero ríes, como quisieras reír verdaderamente
pudiendo posiblemente decir mil palabras,
pero dudando de cada una de ellas.
Así nos sumergimos en el autocontrol
de las emociones momentáneas,
pensando en que dirá el otro de mi.
En momentos eso no importa y sin pensar lanzo palabras,
arrepintiéndome una y otra vez, por que no es correcto
hablar, ni dar señales de lo que el alma pudiese sentir.
La magia brota de los gestos y miradas,
tantas miradas, que puedes apreciar
hasta los detalles mas imperceptibles
imposible de describir con palabras,
pero perfectamente inmortalizados
en cada uno de los poros erizados de la piel.
En un segundo todo puede cambiar
si el segundo lo amerita,
pero pasa el tiempo y todo sigue igual
mil segundos han pasado por mi
falsificando a el “gran segundo”
ese tan esperado, el que todo viene a cambiar.
Pocas expectativa, para un corazón tan palpitante
pero gustoso de volver a encontrarse
con quien provoca tal palpitar.
Hablar de instantes, momentos,
o segundos, de “el segundo”, sin temor al mañana
pues el mañana aun no existe
para que pensar en el.
Vivir y disfrutar, sin remordimiento es lo adecuado
o lo inadecuado, a quien le importa eso
si la complicidad de esa magia
que provoca, esos gestos, esas miradas,
hacen que me descubra en el otro,
confabulando los deseos que se ocultan
desde el primer segundo en que se cruzan las miradas.
martes, 14 de abril de 2009
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